Con nueve años, participó en dos anuncios televisivos. Sin embargo, su gran oportunidad no se produjo hasta los doce años. Se encontraba en la calle y hablaba con unos amigos cuando Diana Mendoza, directora de la agencia de modelos Olé, le propuso trabajar en el mundo de la moda. En febrero de 1992, debutaba en la Pasarela Cibeles y, poco después, conquistaría Italia y se convertiría en imagen de la firma de cosméticos Deborah.
Cuando iba a cumplir los dieciséis años, abandonó su casa y sus estudios para irse a vivir a Italia y así impulsar su carrera como modelo.
Nadie duda que esta bella mujer ha conseguido triunfar en España. Sin embargo, para convertirse en una modelo reconocida viajó a otros países. Primero fue Italia y luego vendrían Sudáfrica, Japón y Australia, entre otros. Pero fue en la capital de la moda italiana, Milán, donde acaparó sus mayores éxitos. Allí, se convirtió en una de las maniquíes preferidas por los diseñadores italianos para las colecciones de prêt-á-porter.
. La modelo siempre ha preferido compartir su vida con alguien aunque lo ocultase de cara a la opinión pública. De estas relaciones, la que mantuvo con el jugador de baloncesto del Real Madrid Ismael Santos a finales de los 90 fue la más conocida y la que más gustó a sus padres, quienes conocían bien al joven. Sin embargo, su noviazgo anterior con el gerente y director de arte de una discoteca de Milán, Mario, no terminó de gustar del todo a su madre que veía incompatibles las profesiones de ambos.
El futuro de Estefanía Luyk parece que no se encuentra en la moda. Como muchas otras modelos, el cine o la televisión parecen ser una de las salidas profesionales que podría elegir la modelo española. De momento, sigue triunfando tanto en desfiles, como en editoriales fotográficos. Gran parte de este éxito se lo debe a sus medidas perfectas, su más de 1,80 metros de altura y su belleza. |